Nocturno y lluvia

Nocturno y lluvia. (Paisaje urbano. Óleo sobre lienzo. Cosme López García).

lunes, 7 de abril de 2014

ANTONIO PÉREZ CARRASCO EN BUSCA DEL TIEMPO PERDIDO: REGRESO A LA INFANCIA EN EL LARGO CAMINO DE LA SERENA[1]


     BUENAS noches, queridos paisanos y amigos del mundo de las Letras y la Cultura. Siempre es para mí un gran honor presentar un libro, porque resulta una tarea agradable y con mayor motivo, si ese volumen que sale a la Plaza pública de la Literatura, está bien escrito, tal como es el caso que nos ocupa.

En la última Feria del Libro de Badajoz, tuvimos el placer de escuchar a su pregonero: Jesús Sánchez Adalid, escritor, juez y sacerdote, Premio Felipe Trigo 1998, nacido en Don Benito, afincado en Villanueva de la Serena y que actualmente vive en Alange. Y entre otras cosas, nos dijo “una verdad como un témpano”: …/… parece ser que estamos asistiendo en los últimos años a la proliferación de un fenómeno nada deseable que se extiende a diferentes ámbitos de lo que tradicionalmente se ha reservado para la formación de las personas. A este hecho, casi espontáneamente, se le ha llamado cultura basura, quizás por extensión de lo que algunos consideran la telebasura. Más tarde surgieron las publicaciones basura, inicialmente reducidas a la prensa gráfica y finalmente a los libros. Se trata de productos de muy escasa calidad literaria, con tiradas muy extensas, con pobre contenido y unas buenas expectativas de ventas en las librerías y, sobre todo, en los grandes almacenes. Por lo general, estos libros salen a la calle amparados por una poderosa campaña de publicidad y suelen crear unas expectativas en el lector que luego resultan defraudados. Así, es frecuente encontrarnos en los estantes de las librerías a un libro, por ejemplo de María Jiménez (cantante famosa) junto a otro de Vargas Llosa. En la abrumadora oferta litararia, los verdaderos libros, los de calidad, tienen que competir con estos libros basura que a veces copan las novedades y asfixian las posibilidades de que las publicaciones de calidad puedan llegar al lector.[2]

Antes de hablar sobre “Las veredas perdidas”, conozcamos un poco más a quien lo ha escrito: Antonio Pérez Carrasco. En las solapas interiores del libro en cuestión, ya se dan algunos rasgos de su biografía …/…Natural del Valle de La Serena (Badajoz) el 19 de Marzo de 1953, donde vivió una infancia con los ojos muy abiertos ante todo lo que sucedía a su alrededor. Después estudia dos carreras: Filosofía y Letras y Teología en el Seminario de la capital…/… Actualmente, ejerce su labor apostólica aquí en Campanario; él es nuestro Párroco y todos le escuchamos en la Iglesia, durante las misas, bodas, comuniones, bautizos y, desgraciadamente, en los funerales.

Parece que la tarea de escribir se lleva muy bien con el oficio religioso; encontramos ejemplos en nuestra Literatura como San Juan de la Cruz, Santa Teresa, Fray Luis de León, Lope de Vega –el llamado “Fénix de los Ingenios”– y el propio Quevedo, quienes se ordenaron sacerdotes en la última etapa de sus vidas. Y recordamos a nuestro paisano Sebastián García Rodríguez, fraile bibliotecario del Monasterio de Guadalupe, bibliófilo, bibliógrafo y cronista oficial de esa villa.

Antonio Pérez, colabora como escritor en diversas revistas extremeñas, sobre todo, en la denominada Ventana Abierta. Ya leímos en el año 2002, su primera novela: “López, una leyenda sin rostro” y que fue calificada por el crítico Manuel Pecellín, como un notable ejercicio literario entre la ficción y la Antropología, entre el estudio histórico, la narración imaginativa y el ensayo etnográfico[3].


Portada de "Las veredas perdidas",
original de Antonio Pérez Carrasco.
“LAS VEREDAS PERDIDAS”

Se trata de un volumen con 320 páginas editado por ADEPA (Asociación para la Defensa del Patrimonio del Valle de La Serena), quien agradece a nuestro autor y socio de dicho organismo, la desinteresada aportación de su Obra para el desarrollo cultural de nuestros pueblos en la cultura común de la que formamos parte por la Globalización Cultural Europea, cediendo todos los derechos. Esta primera edición de Las veredas perdidas, consta de mil ejemplares salidos de los talleres Gráficas González de Cabeza del Buey, el día 25 de Julio del 2004, festividad de Santiago Apóstol en año Jacobeo.

En la portada del libro figura una fotografía de Rodolfo Pérez Osorio, donde observamos en primer plano, un rebaño de la oveja merina sobre el fondo del Valle de La Serena y además, en el ángulo superior derecho, se ha insertado una pequeña imagen de aquella vieja radio que bien pudiera ser Telefunkem, donde nuestros mayores escuchaban los grandes seriales. Representa una clara retrospectiva de los tiempos que vivimos cuando éramos niños.

Abrimos el libro y nos sorprenden los cuatro dibujos a plumilla que reproducen los castillos de Magacela, Castilnovo, Benquerencia de La Serena y Almorchón. Asimismo, al final del volumen, observamos otros cuatro dibujos: el Dystilo de Zalamea, el Dolmen de Sierras Gordas en el Valle, las Termas de La Nava en Cabeza del Buey y una barcaza cruzando las aguas del río Guadiana.

Nuestro autor no ha puesto dedicatoria, entendemos que no hace falta, pues es La Serena y sus habitantes, la madre y los hijos de “Las veredas perdidas”.

Una cita de Juan Ramón Jiménez, nos sugiere y resume todo el libro:
El niño es toda la gente… / y el grito tiene en su centro / todo lo que ha visto el niño / y todo lo que no ha visto / por las perdidas veredas. / Voy a cerrar mi ventana / porque si pierdo en el valle / mi corazón, quizás quiera / morirse con el paisaje.

El Índice alberga los títulos de las 38 historias que componen esta novela, así la consideramos, puesto que el hilo conductor siempre va a ser La Serena con sus habitantes, muchos personajes que hablan el castúo y que todos entendemos perfectamente, aunque nuestro autor, inserta al final un amplio vocabulario de este dialecto por si algún lector más joven no lo entienda.

El Prólogo lo escribe Juan Andrés Calderón, y ¡oh casualidad!, también poeta y sacerdote en el barrio de San Roque de la capital pacense. Nos hace una breve reflexión del libro, pero muy exacta de lo que vamos a leer, calificándolo de “prosa poética”. Se nos dice que no es un relato autobiográfico, aunque particularmente pienso que nuestro autor ha vivido la mayoría de las historias que cuenta. Velaí estos personajes típicos y curiosos de todos los pueblos blancos de sal y morenos de cal. Calderón, también nos dice que es a los niños de La Serena a quien va dedicado este libro, desde la Poesía y la Historia y la realidad de una tierra no muy favorecida por los años 50. Y lógicamente, el prologuista encuentra influencias en la Poesía Pura y en el observar y nombrar de Juan Ramón[4], así como en el sentir intensamente las situaciones emblemáticas a través de la Obra cumbre de la Literatura francesa del siglo XX –“En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust[5].

Nos adentramos en las páginas de esta novela desde la primera historia que Antonio cuenta: “¡Malas vasijas!” (página 11). Larga interjección metafórica para señalar a alguien como mala persona. Los personajes, más o menos desgraciados, desfilan ante el lector con una gran dosis de ternura.

En la segunda narración, “La Serena un ámbito” (página 18), se define a esta comarca como …/…Hija del Sol y del agua, siempre marinera…/…, que en clara alusión mitológica …/…una nereida impostora desaguó…/…; lo que explica una tierra exiliada, donde la emigración hizo estragos: …/...Allí la glaciación, la erosión, el sereno de las noches o el frío sepia del olvido la transformó en desnuda y árida estepa…/...Esperanza en la justicia divina. La nereida busca a la desaguada Serena para redimirla de tan grave delito y darle, al menos, el don de la paz.../… Nuestro autor, bebe de los antiguos mitos y consigue “enganchar” a un lector cada vez más atento. Nos alegra cuando contemplamos el paisaje de La Serena redimida, …/…tal como es, despertando al alba con luz nueva, con el suave ulular del viento, que dócil peina su coqueta trenza, delicadamente entrelazada de alcornoques, abrillantados de cerina, de higueras y olivos, retamas y encinas, festoneada por el arte de las zarzas y de las aulagas, aquí y allá, con la flor de la jara, del cantueso y, sobre todo en vísperas de la lírica primavera, cuando la anuncian sus perennes centinelas, una larga hilera de almendros en flor, perfumándola con tomillo y romero…/... Comprobamos pues, la maravillosa descripción tan emotiva y poética que Antonio nos regala.

El escritor de Helechal, Justo Vila, en su último libro “En cuanto amanezca. Viaje a la provincia de Badajoz”, nos habla de una ninfa marina, pero asociándola a Villanueva, de hecho se trata de la “sirena” –serena– que figura en el escudo de esta ciudad: …/…¿Qué hace una sirena en el escudo de Villanueva? La leyenda cuenta que la mitológica criatura habitaba las aguas de la Tabla de Tamborríos –adonde muchos años después iría a bañarse Felipe Trigo, antes de saber que iba a ser novelista–, cautivando con su voz a los incautos que a la misma se acercaban, que morían seducidos por la hermosura de la insólita imagen (se supone que ahogados). Sin embargo, puestos a buscar una explicación a la sirena del escudo de Villanueva, que está ahí, en el escudo, al menos desde 1583 –y siendo estos seres mitológicos ninfas marinas–, el viajero prefiere imaginar que la sirena extremeña (o “serena”, como se decía antes de 1490 –ahí podría estar la clave–) fue importada por los navegantes villanovenses que, siguiendo los pasos de Pedro de Valdivia y Hernán Cortés, embarcaron hacia América[6]…/…

El siguiente relato, “Distraída infancia” (página 25), comienza con el famoso “Retrato” de Antonio Machado: …/…Mi infancia son recuerdos…/…, solo que ahora, no son precisamente de Sevilla, sino de La Serena. Y sigue con el …/…¡A mí que m´arregistren, que yo no´e sío!.../…, mintiendo “Valentín Cuatro Ojos”, demostrando con esta frase, su inocencia pura y la de todos los niños que alguna vez han cogido un melón poco hecho. Otra vez vuelven los versos machadianos, …/… andando se hace camino../... Sucesivas descripciones extraordinarias de los pueblos serenos: …/...calles empedradas con desiguales piedras…/...con las aceras bordadas de yerba…/…polvorientos remolinos…/...argollas de hierro…/...para atar a los cabestros…/...mientras se descargan los costales, y chapetas en las cerraduras de los postigos…/...que se abren con enormes y pesadas llaves…/... Recuerdo de los juegos que practicamos cuando éramos niños: el pali mocho saltando por los aires, los bolindres haciendo el guá, la comba que bailan las niñas al ritmo del Cochecito leré o Tengo una muñeca vestida de azul, el juego del piso cantando Al corro de las patatas, comeremos ensalada y Dónde están las llaves, matarile, rilerón…/... Juegos que un servidor no olvida, como aquel del Churro, media manga o manga entera o El escondite y que, desgraciadamente, hoy han sido sustituidos por los video juegos, tamagochis, motorolas u ordenadores que desordenan el equilibrio de una niñez sana. Hay una evocación del tirachinas que los niños utilizaban en …/...las guerrillas con más de un descalabro…/... y que no eran sino la inquietud del estar vivamente vivos. Y las …/...jícaras de chocolate con mucho pan, la sorpresa de los cromos, los santos…/... que con cada media libra de chocolate nos encontrábamos en su envoltorio. Después vendrá la adolescencia, puerta de entrada al mundo de los adultos, aunque …/…nunca muere el niño que todos llevamos dentro…/...

En “Otoño” (página 35), se acrecenta el recuerdo con las primeras lluvias donde aparecerán los resfriados. Los muchachos colocan las trampas para cazar a los pájaros que …/…desplumarán por el camino de regreso a casa, antes de convertirse en la suculenta cena…/… Y tomamos nota de la sentencia: …/…“No siempre el tiempo pasado fue mejor”, que eso vale solo para el vino añejo de pitarra si se compara con el nuevo…/..., el buen caldo que suele pincharse, sacarlo de los conos o tinajas allá por el 30 de Noviembre, San Andrés.

En “La tormenta” (página 41), hay una evocación a la famosa enciclopedia “Álvarez de Tercer Grado”, único libro de texto que abarcaba todas las asignaturas y que nunca olvidaremos. Después, el refugio en el chozo, mientras los relámpagos y los truenos asustan a los niños y al ganado. Y nuestro autor homenajea a la Base Aérea de Talavera la Real, detallando la escena en que …/…un piloto desorientado tras saltar en paracaídas del avión que pilotaba, probablemente debido a una avería o tal vez a la propia tormenta…/…, es atendido por el pastor “Antonio”. A un servidor, estas dos páginas (46 y 47) le han emocionado sobremanera, porque he vivido varias situaciones parecidas mientras desempeñaba mi trabajo en esta Base Aérea, ¡y ya van 23 años!

Un recorrido por la Historia de La Serena se cuenta en “Larga historia, vasta saga” (página 50), desde el hombre de Neandertal hasta la …/…parduzca emigración…/… y nuestros días: …/...Huellas de los dólmenes megalíticos en la Cerca de Marco de Magacela, Sierras Gordas del Valle de La Serena y Zalamea, menhires en Quintana…/...Los castros prerromanos de la Edad del Hierro, como Hijovejo en Quintana, La Portugalesa en Campanario, El Equivocao en Malpartida…/...Después La Serena fue túrdala, Beturia y tartesa –Cancho Roano en Zalamea o La Mata (el montón de tierra, para el lenguaje vulgar) en Campanario– que era un importante nudo de comunicaciones…/...Luego se hizo lusitana y judía…/...rebelde y romana   –dicen algunos que su nombre se deriva del latín “serenus”, que significa sereno, un cielo sin nubes, despejado y en paz–…/...Cristiana y musulmana…/...pues dicen otros que la palabra árabe “serna” significa llanura, por lo que cuando…/...los árabes la ocuparon en el siglo VIII, no dudaron en llamarla “La Serena llanura”…/... Y sigue el relato con La Reconquista y una larga lista de misioneros nacidos en los pueblos de La Serena que se fueron al llamado Nuevo Mundo cuando su descubrimiento. La trashumancia y La Mesta con sus propias Leyes. Antonio Perez sigue escribiendo el camino de la Historia: …/...feudal y dócil en el siglo XVIII…/...La Guerra de la Independencia en el siglo XIX la dejó esquilmada…/...la Guerra Carlista…/...y fue española y extremeña…/... Se acuerda nuestro escritor de la Guerra Civil en el siglo XX …/…del llanto de La Serena…/... y rememora al gran poeta Miguel Hernández que estuvo en el frente de Castuera, desde su famosa composición “Nanas de la cebolla”.

“Los conos” (página 64), describe el artesano trabajo de la alfarería: …/...la construcción de tinajas, botijos, tiestos, conos.../...la descarga desde un tractor sin frenos de estos pesados envases, rodándolos calle abajo sobre esteras de esparto…/...y perturbando la paz cotidiana.

“La tabla de multiplicar” (página 60), que a más de un alumno le costó lo suyo aprendérsela y cantarla de memoria (la letra –y los números– con sangre entra), y que siempre figuraba en la contraportada de …/...la libreta parda de peseta con las hojas de una raya, de dos o de cuadritos…/... cuya …/…portada era “señorial”, con dos pavos reales…/...pero sin colores, como si la vida fuese en blanco y negro…/... La tabla de multiplicar era la lección más importante, …/...después de superar los primeros agobios de la Cartilla –“Mi mamá me ama y me mima”–…/... Una mirada a los objetos que hacían posible esas clases: …/...la pizarra, el “pizarrín”, los mapas de hule, el bote de la tinta, las tizas, la caja de los cuerpos geométricos de madera, los problemas “Rubio”, los pupitres, el globo terráqueo…/... Todo estaba bien reglado sobre los remordimientos de conciencia que se paliaban con la cuestación del “Domund”, pero también existía el quebrantamiento de esas reglas mediante la falta de asistencia a la escuela: .../...la “rabanera”, “remonta” o “novillos”, aún a costa de la doble paliza, la de casa y la de la escuela…/...Alumnos que se sientan en los últimos puestos y que “D. Leandro”, el maestro con vocación, se siente obligado a luchar contra lo absurdo, incluso por cada uno de ellos…/...Aparecieron los “plumines”, primer nombre que los niños, en su ignorancia, daban a los bolígrafos…/... De nuevo, el poeta Juan Ramón Jiménez está presente con “Platero y yo” en la lección del maestro y que los alumnos …/…escriben al dictado.../… Después …/...el retratista haciendo las fotos a todos los niños mientras sostienen un libro abierto entre las manos…/...

En “Las leyes de la tribu” (página74), recordamos …/...la leche en polvo americana que nos daban durante el recreo…/... continuado con …/...la peonza, el “repión” de madera con punta metálica, muy afilada para castigo de los que caen en las garras dominantes de los ganadores…/...y el llanto del perdedor, en este caso, “Andrés”, el hijo de “El Mojino” y de “La Tarara” que se salda con una trifulca y venganza entre los niños, aplazada hasta la salida de la escuela, en el campo abierto, donde se condena al perdedor sin juicio previo…/...son las leyes inmemoriales que todos aceptan…/...

“La noche gremial y herida” (página 86 y 102), está escrita en dos partes y es un verdadero museo etnográfico donde se repasan todos los oficios perdidos: el “cebiquero”, latero o lañador, quien …/...arregla por menos que vale un funeral, las ollas cazuelas, baños y cubos de cinc, las varillas rotas de los paraguas; el electricista, que atiende una avería en el precario tendido eléctrico, el “afilaó” con su flauta característica y su desvencijada bicicleta; el espartero, fabricante de pleitas a quien visita el señor “Manué” pronunciando las eses más de lo que suele ser frecuente en un entorno que tiende a comérselas todas…/..., motivo por el cual, no hay duda, sabemos que es de Campanario, …/…trabajan la “empleita” para hacer las “aguaeras”, los cinchos para exprimir el suero de los quesos, las esportillas, esportones y seras, capachos para el “arperchín” de las almazaras y los soplillos para aventar los “anafres”…/... En boca de este personaje, –“Manué”– acontece una anécdota sucedida al escritor y paisano Antonio Reyes Huertas, referencia casi obligada para el lector más joven de “Las veredas perdidas”, sobre todo, cuando se trata de comprender el castúo, dialecto muy utilizado por aquel en sus novelas y cuentos de chalanes, tratantes, “merchantes” o “merchanes” de Campanario. Prosiguen los oficios gremiales con …/...el “pelliquero”, curtidor o “corambrero”; las modistas, bordadoras, hilanderas, tintoreros, zurcidoras; el taller del sastre que era un poco mandilón…/.. o sarasa; …/…cortadores de lana, tapiceros y obreros; el barbero, quien también en algunas ocasiones practica el oficio de sacamuelas sin anestesia y con alicates en mano; el labrador descontento porque “nunca llueve a gusto de todos”, los jornaleros con los segadores, el leñador; los piconeros, los colmeneros, los cazadores, los furtivos tramperos, el hortelano, los pastores, el peón caminero; el pregonero, el alcalde y los concejales, el juez, los oficinistas y los policías municipales componiendo el Concejo, hoy Ayuntamiento; monaguillos, sacristanes, ermitaños, curas, párrocos, frailes, monjas de clausura…/... e incluso …/...“las beatas de misal”; el maestro albañil y sus peones, el maestro de escuela; el carpintero, el gamellón haciendo las artesas de la matanza; el fumista y deshollinador, los relojeros; alambreros, el cartero y el telegrafista, el barquero –en los pueblos donde hubiera río que vadear–; los poceros y “zajorines” –zahoríes–, los mineros y barreneros; los sogueros y cordeleros que no solo fabrican cuerdas con el cáñamo, sino que también hacen las alpargatas; los tipógrafos y linotipistas; navajeros y cuchilleros; el palomero cuidador de la colombicultura, el taxidermista; los pegueros o peceros extrayendo la pez, la sustancia resinosa del almendro…/... y por último, …/...el sereno, sólo visible en las capitales…/... porque los pueblos, aún siendo de La serena, carecen de sereno.

“Moíto” (página 114), narra la historia de este personaje: …/...un hospiciano, un “arrecogío” que una madre soltera dejó al nacer en la puerta de un convento, y lo criaron las monjas…/...quienes le mandaron al hospicio cuando fue un poco mayor…/... De aquí …/…escapó para pasarlo muy mal, vagabundeando, huyendo de los niños que le tiraban piedras y escondiéndose en el cementerio viejo, comiendo de la basura y descalzo.../… “Moíto” acaba con sus huesos en la cárcel y cuando sale, sin guardar rencor, …/...se hace amigo de los niños y las mujeres que le cuidan, le dan de comer y lo mandan a los recados o a por agua a la fuente…/... Pero la historia de “Moíto”, tiene un final trágico.

Todo cuanto sucede y lo que se hace durante la estación del frío, cabe en “Invierno” (página 120): …/...las apetitosas migas, la “pringá”, la manteca “colorá”, las ristras de ajos y pimientos colorados, lo poco que ha quedado de la matanza, los escasos melones colgados de la juncia, algunos con botana;…/...la pereza de los niños al tener que levantarse tan temprano de sus camas calientes. Alguna nevada esporádica, las abundantes lluvias y las botas “katiuskas”…/...las latas del brasero que suelen llevar las niñas al colegio, pues los niños, la calefacción se la pone el maestro directamente en las manos con la palmeta de madera…/...es la época de las matanzas…/...de la “trichina” –la triquina–, de la zambomba hecha con la vejiga del cochino, Nochebuena, Navidad y la ilusión de los escasos Reyes Magos…/... Pero también …/...es la estación de los miedos…/... y nuestro autor nos acerca a “La leyenda de López” devorado por los lobos y que ya conocemos, gracias a su anterior novela. Otra vez está presente Reyes Huertas con sus “Cuentos de lobos” y se nos recuerda que …/...sus obras fueron escritas en la finca “Campos de ortigas” de La Guarda…/...

En el relato “La calle” (página 129), mientras los niños juegan en la zapatería de “Juan” …/...los “frijones” se cuecen en el puchero…/... al ritmo de un …/...verdadero concierto que sucede en la calle y de balde, gracias a varias radios que cantan “Cachito, cachito mío” y “Yo soy minero” con Antonio Molina desgañitándose…/...Todas las mañanas, las mujeres abren de par en par las puertas de sus casas y comienza el ritual de la limpieza…/… al mismo tiempo, se juntan para cotillear en el típico “marujeo” que viene a ser como …/...la sal de las pequeñas cosas de la vida…/… De nuevo las radios compiten entre el “Porompompero” de Manolo Escobar y “Salamanca campera” de Rafael Farina. Y es que la radio, en aquella época sin televisor, era el entretenimiento por excelencia, …/...toda una vida moliendo café escuchando las famosas novelas “Ama Rosa” o “Lucecita” que bajan, como un eco “entresiesta” por los corrales…/…

“El fantasma” (página 137), cuenta la frustración de “Agustín”, el antiguo novio de la “Paulina” casada con “Jacinto” y que, debido al desengaño amoroso, algunas veces se pasea por las calles disfrazado de espectro…/...con una sábana blanca de muselina para ser apedreado por la gente…/...

El movimiento y puesta en escena de diversas actividades, tiene lugar en “La plaza” (página 139): …/…comienzan los madrugadores jornaleros esperando que los dueños de las tierras les contraten; sigue el pregonero con su vocerío, un camión vendiendo naranjas y un auténtico mercadillo montado con tenderetes donde abundan las hortalizas y las frutas de temporada.../…

Poética descripción de “La fuente fría” (página 143), que …/...embalsama su alma con agua y luna clara…/... Hay mucha vida alrededor del líquido mineral: …/…los caños y grifos, las lavanderas, una niña que juega con su muñeca…/...

En “Agua mansa, agua brava” (página 147), la lluvia cae incesante …/…pasando del inesperado chaparrón al anegante diluvio…/… Sucede …/...la tormenta y el granizo enfurece a la torrentera que arrastra toda la tierra removida…/... Las niñas cantan …/…“Que llueva, que llueva, la Virgen de la Cueva”. Pero la lluvia, ante todo, es recuerdo: …/...Antes yovía mucho má´c´ahora –sentenció “Aniceto”–…/... Y los ríos se alimentan de la lluvia: …/...el Molar, el Cestero y el Guadalefra por detrás de la ermita de la Patrona de La Serena, la Virgen de Piedraescrita en Campanario; el Guadalemar o Gualemar en Sancti Spíritu y Esparragosa de Lares; el Guadiámez en Hinojosa y el Valle; el Ortigas retenido en la charca de Zalamea; el Zújar con sus pantanos y afluentes; y el singular, calizo y pantanoso Guadiana…/...

“Pueblos blancos de sol y morenos de cal” (página 153), …/...con sus fiestas y ritos, con sus costumbres y habla con el deje característico. Pueblos a orillas de los ríos y pueblos de secano, humildes y sencillos unos, tan señoriales otros, pero tan nobles todos, tan acogedores…/... Nuestro autor hace un recorrido histórico por estos pueblos serenos a la vez que nos regala las biografías de sus personajes más ilustres: …/...Benquerencia; Cabeza del Buey con Diego Muñoz Torrero; Campanario con Pedro de Valdivia, Bartolomé José Gallardo y Vicenta García Miranda; Castuera con Manuel Godoy y Ventura Reyes Prósper; La Coronada; las dos Esparragosas con el poeta Paco Cañamero Dávila; Galizuela; La Guarda con Reyes Huertas; La Haba; Helechal; Higuera; Magacela; Malpartida; Monterrubio; Peraleda del Zaucejo; Quintana; Sancti Spíritu; Valle con Donoso Cortés; Villanueva con Felipe Trigo; y Zalamea con Antonio de Nebrija y Calderón de la Barca…/...

En “El viejo molino” (página 170), “D. Leandro”, el maestro, anima a los niños para que estudien y sean hombres de provecho: …/...a comerse la vida como si fuese un pan tierno y partido en esa empanada de oportunidades iguales…/... Evocación a las ruinas: …/…El viejo molino del río que ya cerró, porque el trigo se muele más rápido y mejor con la electricidad…/... El control de la economía: …/...El molinero reparte los vales para el pan a cambio del trigo llevado a moler…/..., la santificación del pan: El pan nuestro de cada día…/...es el alimento básico que está presente en casi todas las comidas, se cuece en el horno de la tahona…/... y el placer de las viandas: …/…donde también se asan los pimientos morrones y de su calor salen los dulces…/... Continúa este capítulo con …/…los trenes destartalados de la época que apenas tenían fuerza para subir una cuesta; las visitas a la farmacia con referencia al boticario Diego Sanz de Campanario que inventó la popular crema…/… “Nínive”, hoy comercializada bajo el nombre de “Nivea”, y que ya conocíamos gracias al reportaje de investigación que nuestro paisano Bartolomé Díaz Díaz publicó en la Revista “Al Aire”[7]; …/…los médicos de cabecera, las comadronas, los practicantes y el veterinario, quienes carecían de lo más elemental…/...

Con la llegada de la “Primavera” (página 182), …/...los pueblos de La Serena se visten de fiesta para celebrar romerías. Abril es el mes que enamora. Los niños juegan sin parar mientras sus madres lavan la ropa con jabón “Lagarto”…/... Procesiones y saetas en la Semana Santa. La primera comunión. Se siegan los primeros cereales…/… y sale …/…la procesión del Corpus por las calles llenas de “enjuncia” y que los niños aprovechan para hacer los “perigallos”, esos látigos largos y sonoros…/...

A quienes lucháis con esperanza, está dedicado el relato “El niño solo” (página 188), donde se cuenta la historia de “Pablito”, un niño deficiente psíquico: …/... sentado en el umbral de su casa y que inspira ternura hasta al más bruto de la pandilla, “Pepón el espelucao”, quien limpia la baba de “Pablito” con un pañuelo y le regala bellotas con higos…/... Sincero ejemplo del amor contagiado a los demás compañeros. Pero el entierro de “Pablito”, sobrecoge a todos.

“Paisaje sin fisuras” (página 192), supone el romanticismo paisajístico y singular de La Serena, con sus …/…amapolas, cardos, romeros, tomillos, jaras, cañarejas, acebuches, madroños y zarzales. El bosque de álamos, pinos, olivos... Madreselvas y líquenes verdiamarillos pegados a las piedras, centenarias encinas y alcornoques de “La Real Dehesa” bajo el trino de jilgueros y gorriones…/… (los gurriatos montesinos en “La Nacencia” de Luis Chamizo). Belleza y metafórica poesía cuando Antonio Pérez nos dice: …/…La Serena se torna paisaje con pájaros dormidos en la despierta rama de la impaciencia para ampliar horizontes…/…

“El Vagabundo” (página 198), es un canto a la libertad …/…a pesar de ser el mayor de los vértigos…/… Un extraño bajo el nombre de “Salvador”, se acerca por el pueblo para estudiar los movimientos y migraciones de las aves, quien pone en conocimiento de los niños, el mundo de las alas que representa la libertad: …/… cigüeñas, cuervos, mochuelos y autillos o cárabos, búhos, lechuzas o corujas, perdices, tórtolas, abubillas, avutardas, milanos, buitres, halcones, cernícalos, cogutas, patos, grullas, avefrías (“aguanieves”), golondrinas y aviones…/… ¿No sería este “Salvador” el propio Jesucristo?

“La pinga” (página 208), es el “Platero” juanramoniano …/…la potra nueva de color alazán, bellísima, casi perfecta y presumida, que mercó el tío “Manué” en la reciente feria de Zalamea…/… Se cuenta sus desventuras con …/…la yunta, perros y gatos…/… entre …/…coces azules y vengativas…/… que llevan a “La pinga” …/ …a irse de casa y conocer el amor de un potro negro…/…

“El secuestro” (página 212), narra la ausencia de la niña “Elenita la bailaora” y de su hermano “Benjamín”, echados en falta por su padre “Serafín” a la hora de comer. Presentada la denuncia, comienzan las especulaciones del …/… sacamantecas, el tío del saco o los gitanos…/… Sobreviene el llanto de la madre “Placeres alma de cántaro”, quien recuerda …/…al señor de la leyenda por ser una zona de lobos y jabalines…/… (jabalíes), de nuevo “La Cruz de López” en el Valle de la Serena.

En “Verano” (página 218), los niños …/… despreocupados, sin escuela y “asolinaos” rompiendo sus vestimentas en los juegos, tal vez por ser telas de baja calidad, hacen que sus madres siempre estén con la “abuja enebrá”…/…Segadores venidos de otros pueblos, burros rebuznando y espantando moscas que son esquilados con arte, al ritmo del pasodoble “Suspiros de España”…/…Los higos chumbos maduros devorados por los niños…/… junto a …/…la sandía “colorá”…/… y que terminan con el postre del …/…“rico helado mantecado” vendido por el hombre del carrito azul…/…

“Un chiquillo raro” (página 223), cuenta la historia de “Félix el Canana”, un personaje …/…solitario y agrio, sin amigos, sin trato social, casi sin vida, con canas, como vengativo y lanzado a bravatas que, fumando un “Bisonte” tras otro, espera en la parada del autobús –la viajera– la llegada de un vástago al que llamará “Félix Ángel”…/…, pues su esposa, “Aquilina” …/…está enferma de “fiebres tercianas” y es estéril…/… Entre letrillas del genial Quevedo, el niño juega y es insultado por “Valentín Cuatro Ojos” que le califica de “bastardo”. Pero en el fondo de ese frustrado personaje, “Félix el Canana”, hay mucha humanidad y ternura.

“Ultramarinos Teto o el destino a la fuerza” (página 232), es el supermercado de “Aniceto”, donde encontramos …/…azúcares y coloniales, caramelos y confites en “urnas de cristal”, legumbres secas y bacalao, cabestros y maneas sin vitrinas, con estanterías sin pintar y mostradores llenos de mugre…/… Allí se vendía de todo, desde …/…una romana o un arado de vertedera, hasta los Reyes Magos de los niños…/… Aprovecha Antonio Pérez, para cantar a la esperanza: …/…Serena, apechuga con lo que venga, “ajila”, “arrempuja”, tira “p´adelante”. ¡Espabílate, Serena, espabílate! ¡Despierta!.../… Poética prosa para esa esperanza que nuestro autor desea e incluso implora: …/…Las crestas de tus pechos de estepa, manando finos pastos, amamantan tus rebaños…/…Tu corazón rojizo de limo y verde esperanza…/… Reminiscencias chamicianas cuando dice: …/…Tu faz oscura, parda, “der coló de la tierra”…/… Y llega la primera televisión en casa del cura “D. Julián”, quien …/…reparte papeletas para verla…/…

“Los titiriteros” (página 244), se instalan en el pueblo con su circo ambulante: …/…malabaristas, trapecistas y payasos zíngaros…/…que encienden la ilusión de los niños…/…Fantasía y realidad en los colores de los sueños o el blanco y negro, perenne, de la vida…/…

En “El agua traicionera” (página 248), los niños cuentan historias …/…Cuanto má´sean de miedo, mejó…/… dicho en boca de “Valentín Cuatro Ojos”, mientras la vida transcurre tranquila para los porqueros y vaqueros, excepto en alguna ocasión, como la paliza propiciada por “Bibiano el Roñoso”, a un chiquillo que le insultó con su apodo. …/…El calor del verano, a veces requema el alma y el equilibrio de la vida se altera cuando algún niño o mozo, aparece ahogado en pozos o charcas. Otras veces, ese equilibrio natural, se rompe con la venganza oscura y bravía…/… –al estilo del drama ocurrido en “Puerto Hurraco”– …/…como una cruel y negra tragedia…/… al tiempo que la radio de “Antonia la Tarara”, sentencia …/…“Ay pena, penita, pena”…/… La noticia será …/…dictada en una carta por “Benita” a su nieta “Puri”, para su hermana Escolástica, que está por el reúma, pasando una larga temporada en los baños de Alange…/… Una carta como las de antes, …/…de gente buena y sencilla…/… y que no tiene desperdicio: …/…“Querida hermana Escolástica: Espero que a la yegada d´esta te encuentre´bien, en compañía de tu esposo, nosotros bien, gracia´a Dio´. Por aquí jace mucha caló, qu´este verano no´vamo´a asfixiá´. El otro día s´ajogó en er Pozo der Cura, ayá en la Arrocampo, Santi, un mozo der Mico, que vive cerca de tu casa. Ya l´he dao yo en tu nombre el pésame a la Jacinta, su madre, qu´está mú´desconsolá la probe. Y sin má que decirte, saludo´de parte de mi familia pa tu marío y pa ti. Recibe un fuerte beso y abrazo de tu ésta que lo é´. Benita”…/…

“Las eras” (página 258), es la nostalgia …/…como un niño perdido en el tiempo…/… quien nos acerca a …/…la siega, al roce del “jocino” y a la era, empedrada y limpia, donde el trillo, muchas veces conducido por un niño, desgranaba las mieses…/… La era es un lugar de trabajo duro, pero sin quejas, mas al contrario, ese trabajo se realizaba tarareando canciones: …/…En la era se tendía La Serena, tarareante…/…como un encayado baile de pana y sudor…/…

“La Velá” (página 263), es …/…la fiesta grande a mitad del verano, el 15 de Agosto…/…, –“Asunción de la Virgen María”– y que ahora, ha venido en llamarse “La noche eterna”. ../…Los puestos y cacharros de volanderas, barcas y norias; el turrón de Castuera y las escopetas de balines desde Malpartida…/…Las calles engalanadas con banderitas y globos de colores…/…Los cohetes, el teatro de “Los Picazo” que vienen de La Haba, el caballo del retratista, la banda de música y el buñolero…/…Aunque pobre y aldeana, la vida se hace fiesta…/…

“La comedia de las pulgas” (página 269), invita a la lectura de los Tebeos: “El Capitán Trueno”, “El Guerrero del antifaz”, “Hazañas Bélicas…, y el humor de “Pulgarcito”, “Mortadelo y Filemón”, “Zipi y Zape”, etc. Es en este ambiente humorístico, donde “Cisco” lee a los niños “La comedia de las pulgas”, fábula con claros ecos metafóricos de las distintas condiciones humanas.

“Parda emigración” (página 276), es un homenaje a quienes se fueron de La Serena en busca de una mejor calidad de vida, porque ningún padre desea que sus hijos pasen hambre. La emigración sucedía año tras año; ahora sólo es recuerdo, pero no se ha terminado: casi todos los días, vemos por televisión las imágenes de los pueblos magrebíes que incluso pierden la vida a bordo de las pateras. Nuestro autor, hace un recorrido por las consecuencias de la huída, sin apenas plantearse las causas, porque la emigración es un problema que, tarde o temprano, nos afecta a todos, y es en sus consecuencias donde percibimos los estragos del desarraigo.

Llega “Octubre” (página 282), …/…con los recuerdos estivales…/…Octubre somos todos…/… Esa es la metáfora que Antonio Pérez utiliza para resumir la decadencia del ser humano. Octubre es el tiempo que pasa, como nos recuerda el poeta Antonio Machado: …/…“Todo pasa y todo queda”…/…, verso que “corrije” nuestro autor para decir que …/…el tiempo pasa, pero nada queda…/…esa nada que es la única salida correcta de la vanidad…/… Y ya …/…han pasado 40 años desde aquella plácida niñez…/…Octubre es la fiebre de una gripe con el termómetro de mercurio roto en el piso de una ciudad industrializada…/…, donde emigraron las familias …/…Los niños protagonistas, ya tienen canas y se han casado. Viven y trabajan en el Norte o en Madrid…/…Las veredas perdidas en lo borroso de la infancia y la desgana, vuelven a resurgir por la fuerza de la amistad…/… Y se cita al poeta Rainer María Rilke, padre de la poesía europea: …/…“No creáis que el destino sea otra cosa que la plenitud de la infancia. La felicidad más visible tan sólo se nos da a conocer cuando la transformamos en el interior”…/…

“¿Maldita publicidad?” (página 294), ironiza sobre esta moda agresiva y consumista de …/…ensuciar los buzones y los umbrales…/… Se hace un repaso por los programas radiofónicos: consultorios como …/…“Elena Francis”…/… y televisivos: …/…“Los Picapiedra”, “Félix el Gato”, “El oso Yogui”, “Heidi”, “Rintintín”, “Bonanza”, “El Viriginiano”, “El Santo”, Superagente 86”, “Crónicas de un pueblo”, “Plinio”, “La casa de la pradera”, “Curro Jiménez”…/…, las películas con sus rombos correspondientes: …/…“Fantomas”, “Fumanchú”, “El Zorro”, “Tarzán”…/…, programas infantiles como …/…“Los Chiripitifláuticos”, “Barrio Sésamo” y los payasos Gaby, Fofó y Miliki…/…, mientras en los intermedios, nos “bombardeaban” con …/…el negrito del “Colacao”, las sopas “Gallina Blanca” y la sal de frutas “ENO”…/ …Las casas se llenan de electrodomésticos a pagar en cómodos plazos y las madres ya tienen su medalla “Hoy te quiero + que ayer pero – que mañana”…/… Los Reyes Magos son más ricos: …/…“Scaléxtric”, “Juegos Reunidos Geyper”, el “Tocador de la Señorita Pepis”, las bicicletas “Orbea”…/…Y en la escuela, ya se tiene pegamento “Imedio”, gomas de borrar “Pelikán” y diccionarios “Sopena”…/…

En el capítulo 38 y último “El ángel de las aguas” (página 301), de nuevo hay un canto a la esperanza. Sucede el reencuentro de “Cisco” y “Pepe el Botana” al cabo de muchos años, quienes hablando resuelven el misterio de la desaparición de éste último, cuando de niño cayó en un pozo. Y es que …/…algo tendrá el agua cuando la bendicen…/…, hasta …/…un ángel que mide la anchura del tiempo…/…

Y cierra el libro un extenso “Vocabulario” (página 306), al que antes hemos hecho referencia y, como dijimos, muy útil para entender aquellas palabras del castúo que los personajes han pronunciado a lo largo de la novela.



CONCLUSIÓN

En “Las veredas perdidas”, está la voz de unos personajes enternecedores, humanizados y reales, que pudimos ser nosotros mismos y que van siguiendo la lectura del libro “La Serena. Manuscrito”, original de Antonio José Vallejo, porque leer es gratis, ayuda a la comprensión y tolerancia con los semejantes y además, nos instruye como personas en el difícil camino de la vida. Personajes que nos acercan a nuestra comarca y nos hacen entenderla un poco mejor, conocer su historia y emocionarnos. “Las veredas perdidas”, supone un volumen más en la extensa bibliografía de La Serena, una tierra maravillosa habitada por gente noble y de la que nos sentimos orgullosos, pues como Justo Vila dice en su libro antes aludido: …/…La Serena es una resumen de la provincia de Badajoz. Por eso lo primero que aquí llama la atención es la variedad de paisajes. En unas noventa leguas cuadradas…/…se pasa de los llanos de Campanario y La Coronada a las dehesas de Quintana y Benquerencia; de las sierras de Castuera, Helechal y Zarza Capilla a las estepas más extensas de la península; del bosque y matorral mediterráneos a un “archipiélago” de embalses (La Serena, Zújar, Orellana), encontrándonos así con toda una serie de biotopos característicos de la España interior que convierte a la que fuera Real Dehesa en uno de los muestrarios más interesantes de cuantos existen en el pais…/…¿Cuál es el secreto de La Serena?../… El secreto de La Serena es su luz, proclaman, cordiales, dos cigüeñas[8]…/….

Y el pasado 30 de Septiembre, el Diario “Hoy” publicó una crítica literaria de “Las veredas perdidas”, firmada nuevamente, por Manuel Pecellín[9], quien bajo el título “Elogio de La Serena”, nos decía que …/…la auténtica protagonista de este libro es sin duda La Serena, con la que se habla y a quien se hace intervenir, en audaz prosopopeya, como si de una admirable dama se tratase…/…, y en gran titular, apuntó: …/…Este escritor posee un extraordinario dominio del lenguaje…/…

No lo toques más, que así es la rosa, en palabras de Juan Ramón Jiménez para expresar que el poema estaba terminado. Y este mismo verso aplicamos a esta novela: No la toques más, que así es La Serena, que así es este libro.

       Particularmente, he disfrutado muchísimo con la lectura de una gran obra. Les recomiendo a todos los nacidos en La Serena o quienes han tenido o tienen vinculación con esta comarca, que tengan en su biblioteca este libro. A mí me ha llevado por el camino del ensueño, la nostalgia, la poesía y el recuerdo de una época preciosa a pesar de sus carencias. Quien no recuerda el pasado, difícilmente podrá vivir el futuro, dijo el escritor y filósofo Jorge Santayana. Y ese tiempo pasado, ha sido el cimiento de quienes ahora hemos cruzado la barrera de los 40 años.

Enhorabuena al escritor y poeta Antonio Pérez Carrasco, porque nos ha hecho partícipes de su memoria. Desde estas líneas y en Campanario, nuestro pueblo y también el suyo, le deseamos muchos éxitos para sus futuros proyectos.

Aer… ¡Velaí!

Muchas gracias a todos.

Campanario, Teatro-Cine Olimpia,
12 de Noviembre del 2004.
© Cosme López García.



     [1] A propósito de la presentación del libro “Las veredas perdidas”, original de Antonio Pérez Carrasco. Teatro Cine Olimpia de Campanario. (Viernes 12 de Noviembre del 2004).
      [2] Publicado en “XXIII Feria del Libro de Badajoz, Primavera del 2004”. Excelentísimo Ayuntamiento de Badajoz. Pregón de Jesús Sánchez Adalid. Páginas 17 y siguientes.
       [3] Manuel Pecellín Lancharro. Suplemento cultural “Árrago” del Diario “Hoy”. Página 38. (Miércoles 10 de Abril del 2002).
      [4] Juan Ramón Jiménez (1881-1958). En su poema “Vestida de inocencia”, explica esta pureza de su Poesía con la metáfora del vestido como influencias de otras poéticas y como la desnudez de lo puro al despojarse de esos vestidos-influencias: Vino primero pura / vestida de inocencia / después se fue vistiendo / de no sé qué ropajes / y quedarse desnuda, / ¡oh poesía pura / ya mía para siempre!
      [5] Marcel Proust (1871-1922). “En busca del tiempo perdido”. Además de ser la Obra cumbre de la Literatura Francesa del siglo XX, es también una de las más grandes creaciones de todas las épocas, donde encontramos la transposición en el relato de elementos de la vida de Proust y de personajes y ambientes sociales de su tiempo con una escritura de inmejorable poesía. (Marcel Proust: “En busca del tiempo perdido. 1 Por el camino de Swann”, Alianza Editorial S.A., Madrid, sucesivas ediciones desde 1966 hasta 1985).
       [6] “En cuanto amanezca. Viaje a la provincia de Badajoz”. Justo Vila Izquierdo. Ilustraciones de Javier Fernández de Molina. Editado por “Los libros del Oeste” , 2004. Página 101.
     [7] “El Laboratorio Calatrava de D. Diego Sanz de la Cruz”. Bartolomé Díaz Díaz, Revista Cultural “Al Aire” Nº 4, Julio de 1999. Página 12. Edición del Excelentísimo Ayuntamiento de Campanario.
      [8] “En cuanto amanezca. Viaje a la provincia de Badajoz”. Justo Vila Izquierdo. Páginas 73 y 81.
      [9] Elogio de La Serena. Manuel Pecellín Lancharro. Diario “Hoy”, 30 de Septiembre del 2004, página 58.

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